sábado, 31 de mayo de 2014

SILENCIO

“El silencio es el mejor aliado de la belleza.”
                                        Andrés Trapiello “El gato encerrado”



El ruido se queda fuera. Dentro, el silencio se hace denso y deja escuchar sus latidos como golpes gruesos en la piel del vacío. 
Detrás de la ventana cerrada la vida aporrea los cristales, pero sólo consigue colarse tímidamente, como un ladrón en casa ajena.

Hay días en los que sólo quisiera escuchar el silencio, en los que, si el mundo tuviese una ruedecita para el volumen, buscaría un objeto punzante y haría palanca sobre ella hasta hacerla saltar por los aires en trocitos diminutos imposibles de recuperar, y dejaría mudo al mismísimo sordo mundo.
Son esos días en los que te molesta hasta el saludo de los vecinos en el ascensor, y sales a la calle con los dedos cruzados esperando no encontrarte con nadie ni nada que perturbe tu buscada y silenciosa soledad. Son días en los que hasta el trino de los pájaros caracolea incesante por el laberinto de tu oído y se pierde por las paredes internas de tu piel haciendo temblar el sístole de tu corazón.

Hay noches que me regalan sueños en los que es posible un mundo mudo, a pesar de los ruidos.

lunes, 28 de abril de 2014

SIETE

“¡Cuanto más rápido vamos más rápido queremos ir!, supongo que viajar ha pasado de moda, la moda ahora es llegar.”
                       Andrés Neuman          ”El viajero del siglo”



Volvemos a fagocitar los días de lunes a viernes a dentelladas. Nos lanzamos con ganas a la vida amoral y desenfrenada del sábado para acabar muriendo de aburrimiento y desidia en las horas vespertinas del domingo. Andamos por la vida como quien atraviesa un desierto yermo pensando encontrar un oasis repleto de palmeras alrededor de una charca de agua dulce, aunque al cabo sólo se trate de un espejismo y volvamos a la tozuda realidad, a lo de siempre, a la arena en los ojos.
Y siete tras siete, encerrados bajo siete llaves en el círculo mágico, se nos van los días, se nos van los años anhelando oasis al borde del horizonte. Se nos va la vida.


lunes, 24 de marzo de 2014

EXTRAÑO MIEDO

“El pesimismo sólo nos deja ver las espinas en los rosales, la muerte en el hombre, la carne en el amor. Alimentados de pesimismo no vivimos la vida, la sufrimos.” 
             “La sombra del ciprés es alargada” Miguel Delibes.


Extraña esta sensación que no me deja ser. Extraño este nudo en la garganta que me impide sentir, vivir a corazón abierto. Extraño este miedo que frena mis ganas de avanzar, que me arrincona contra la pared de lo posible. No sé si serán los años que llevo clavados entre los ojos como una amenaza, la inercia de la costumbre o la inevitable madurez sobre la que cabalgan mis días lo que me lleva a rastras, como si mis pies fueran de plomo, como si mi cuerpo fuera por su lado y yo por el mío. Qué difícil se lo estoy poniendo a mis huesos, qué difícil tirar de un espíritu convertido en lastre, cómo pesa este pesimismo en el que voy girando sin proponérmelo. Cómo pesa el miedo. 
Ahora es fácil entender por qué de niño se es feliz, nunca tienes conciencia de que tu mundo es finito y se esfumará como diente de león arrastrado por el viento.

Mis pensamientos se van a negro, y pienso en el carácter efímero del tiempo, de la vida; en el sutil, débil, casi invisible hilo que nos sostiene, y lo terriblemente frágil y quebradizo que es el mundo que nos hemos creado. Lo fácilmente que todo se puede derrumbar, en segundos. Sentir la alegría a medias, con la certeza de que no es posible sin el dolor que nos acecha. Poner todo el empeño en vivir a conciencia y empeñarme en destrozar el milagro. 
Vivo en el miedo, y este miedo no me deja vivir.

viernes, 14 de febrero de 2014

VIVIR A CONCIENCIA

"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir en el momento de mi muerte, que no había vivido."
                                             El club de los poetas muertos


Siempre supe que correr en dirección contraria a las agujas del reloj no evitaría que la sombra de este día rojo acabara por darme alcance. Cuando era niña lo esperaba como campo sediento el agua de lluvia, aunque al cabo pasasen las horas sin pena ni gloria, ni pastel ni regalos, ni lluvia siquiera. Ahora me empeño en ralentizar el goteo de días en caída libre por el borde de los almanaques, pero sólo consigo la frustración de quien intenta parar un tren con las manos. Y no acabo de entender por qué cuanto más me acerco al punto y final, más cerca me siento de mis inicios; y ando perdida entre los recuerdos y el miedo a ese futuro incierto que a todos nos acucia. Es esta nostalgia la que me ha enseñado a valorar lo que tengo, lo que soy; porque el tiempo, que no se ha parado ni un segundo, me traerá nuevos cambios que me harán añorar el hoy cuando ya haya pasado.

lunes, 13 de enero de 2014

VACÍO

“Cuando volví a casa comprobé que la rememoración tan vívida de mejores días no me aportaba el menor consuelo.”
              Miguel Delibes “La sombra del ciprés es alargada”



Ahí estaba, frente a mis ojos que no podían apartar la mirada. Tan vacío de vida y tan lleno de momentos. Por un instante creí que acabaría hablando con él, pero de qué, cómo y de qué se habla con un sillón vacío. 
Nunca nada te llena de soledad como un vacío seco, hondo y rotundo, nunca mis ojos se derramaron sin apenas esfuerzo, sin sollozo ni razón aparente. Son muchos días de silencio ocupando este lugar, pero hay fechas en las que la quietud y el eco silente se clavan con más tino donde más duele. Y claro, os echo de menos. Tanta soledad rebotando contra las paredes de mi alma que por un momento creí oír el crujido del dolor haciendo añicos a un corazón ya malherido. Y piensas que no has hecho bien volviendo al lugar donde has sido feliz, y te obligas a reponerte, te autoconvences y te impones la alegría que aconseja el calendario, aunque hace tiempo que estas fechas no vienen llenas de risas, de abrazos, de espumillón azul colgando de la lámpara y de copitas de anís a deshoras. 

Y te ves ahí, sola frente a un sillón huérfano de vida, con un silencio ruidoso taponando tus oídos y atenazando tu carne desde la boca a la boca del estómago. Muchas preguntas sin respuesta, mucho frío clavando sus garras en tus huesos. Demasiado espacio achicando las paredes hasta la asfixia. Demasiados momentos imposibles en un mundo sin vosotros.
Y sé que no debería escribir cuando estoy triste, pero hay palabras pegadas a los sitios en los que los recuerdos me persiguen y necesitan ser escupidas o lloradas, pero nunca calladas.

Demasiados lugares vacíos de vida y tan llenos de momentos.

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