miércoles, 11 de noviembre de 2009

COMPARTIENDO AFECTOS

Recibí hace unos días este regalo de mi amiga Gabriela y deseo compartirlo con todos los amigos que siempre me visitan.
 Sí, comprenderé a los "amigos seriotes" que no lo recojan; sé que el sentimiento lo recogerán en su corazón.
También comprenderé que no lo recoja quien ya lo tenga de manos de Gabriela.
Espero no olvidarme de nadie.

martes, 10 de noviembre de 2009

UN MUNDO SIN DIOS

Cuenta la anécdota que un hombre se despertó de su sueño gritando "¡he visto a Dios,... he visto a Dios!"; y un amigo que se encontraba a su lado le preguntó "¡y cómo es!", a lo que el primero contestó "es negra y es mujer".

…Y me imaginé que era negra y vivía en un país africano, en un pequeño poblado de treinta chozas con el tejado de ramas y palmas secas que apenas retenía el agua de las tormentas.

Me imaginé dormida sobre una estera de hojas de palmera entrecruzadas, con un viejo y roto cojín llegado no sé cómo de la civilización, como almohada.

Me imaginé caminando descalza por un camino desértico en busca de agua con un cántaro rajado y un niño de tres años desnudo de la mano.

Y me vi de vuelta. Cansada y agotada por la caminata a pleno sol, con el cántaro lleno de agua semi potable en la cabeza y mi niño en la espalda desdibujada por mi embarazo de ocho meses.

Escuché el silencio roto por los llantos del hambre y la enfermedad horadando mis tímpanos. Oí la invisible llegada de la muerte como una brisa gris y espesa que peina el aire todas las madrugadas.

Imaginé un cielo azul oscuro salpicado de estrellas sobre un universo de paisajes de colores imposible de disfrutar cuando se tiene el alma vacía… y el estómago también.

Imagínate que nunca más un niño dibujara la tristeza en su cara…

Imagínate que todos mirásemos al sol con el mismo brillo en la mirada…

Imagínate que la vida fuera un premio por haber nacido y no un castigo por haberlo hecho en el lado equivocado…

Imagínatelo.

domingo, 8 de noviembre de 2009

SIN PALABRAS

"El pensamiento vuela y las palabras van a pie.
 He aquí el drama del escritor."
                                    Julien Green

Para dar forma a mis pensamientos, para dar un camino a las palabras, me suelo acompañar de música calma… suave… lenta…

La inspiración, como decían algunos genios, “si ha de llegar, que me encuentre trabajando”.

Pero hay veces que las palabras se me agarran a las tripas y no encuentran el camino de salida hacia mis dedos.

Son palabras cobardes que no saben explicar los nudos que me ahogan… los gritos que me desgarran las entrañas… las lágrimas que me mojan por dentro…

Palabras que no ríen mi risa… ni bailan mi canción…

Pero yo no abandono, no sé quién dijo alguna vez que "las batallas perdidas son las que se abandonan", y yo, que hoy no encuentro palabras valientes que curen mi angustia, cojo la guitarra eléctrica y que sea ella el canal de mi desahogo.



               ¡GUAUUUUUUU... AHORA ESTOY MUCHO MEJOR!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

AQUELLOS VERANOS...

"Ríete, ríete. Y golpea hasta que yo vuelva y estemos juntos otra vez..."
                                    Ana María Matute "Paraíso inhabitado"


Al lado de la casa se encontraban “los baños”, la alberca de la huerta que disfrutábamos como piscina. Era un recinto cuadrado vallado y presidido por una pequeña parra bajo la cual había unos taburetes de ladrillo encalados en los que charlábamos y jugábamos protegidos del sol.

A un lado, dompedros de colores rodeaban el tronco de un membrillo en un pequeño parterre que daba a la viña del cerro, al otro, un viejo retrete que usábamos más para saltar la valla que para el desahogo de nuestras necesidades.
La alberca era muy grande, o al menos así se lo parecía a mis ojos de niña, tenía dos escalerillas y un gran agujero por el que se llenaba de agua helada venida directamente del pozo y que caía encima de una enorme piedra plana muy solicitada por la chiquillería, alguna vez me puse debajo del chorro con el consecuente dolor de cabeza; y para regar, mi abuelo abría una pequeña trampilla por la que salía el agua muy lentamente en dirección a los sembrados de la huerta.

Me contó mi padre que años atrás, los mozos y las mozas más atrevidas del pueblo iban a “los baños” de la huerta a refrescarse del calor asfixiante del verano carteyano, para ello tenía bañadores de caballero (pantalones cortos azul marino todos iguales) que repartía a la hora de cobrar la entrada; y por supuesto, el remojón se hacía por turnos, primero las damas y tras las quejas de los chicos que solicitaban su vez, les tocaba a ellos.

Recuerdo que mis primos y yo rogábamos a mi abuelo que regase sin parar para que el nivel del agua bajase y no nos cubriese y así poder disfrutar más del baño -¿vas a regar abuelo? anda, ¿por qué no riegas?-. A veces sólo nos cubría hasta los tobillos. Así no teníamos que usar los flotadores negros, o sea, las cámaras de aire de las ruedas de algún tractor.

Allí disfrutábamos todas las tardes de verano entre saltos de cabeza, gritos, carreras en el agua… y fuera…, mientras mis tías María y Elena con sendas pamelas cual turistas de la Francia, se pasaban las horas muertas charlando de sus asuntos y supongo que de los demás, bajo un sol de justicia. Ellas no se ponían morenas… lo siguiente, y para ello se untaban de aceite de coco, crema de zanahoria y un mejunje casero hecho de Nivea mezclada con mercromina. Podían ir al África y pasar desapercibidas.

En aquellas ociosas tardes en la alberca me aficioné al intercambio de estampas de futbolistas, aprendí a jugar al tute y a las 40, y ganaba casi siempre al cinquillo.

Y lo mejor de todo era ese momento en que mi abuela llegaba con una fuente de patatas fritas a maquinilla. Después de más de una hora friendo patatas, desaparecían a una velocidad de vértigo…, como si acabáramos de salir de la hambruna de los años 40. “Comed, comed, que los baños dan mucha hambre”.

domingo, 1 de noviembre de 2009

UN PASEO POR MEDINA AZAHARA

Me detuve en al –Zahra, lloroso y meditabundo, para clamar entre las deshechas ruinas,“¡Oh Zahra –dije- vuelve a ser!"
 Pero me contestó: “¿Y acaso vuelven los difuntos?”
                                                     Al-Sumaysir (fines s.XI)


 Hoy estuve paseando por las ruinas de Madinat al-Zahra.
Lo que en el siglo X fue la ciudad más bella del mundo, hoy duerme bajo tierra.
 
 Columnas de mármol rosa, cerámicas decoradas, capiteles compuestos, pilas de mármol blanco, tableros grabados, jarras en verde y manganeso..., forman la décima parte hoy excavada de la extensión total de la ciudad intramuros.
 
 
Hoy recorrí la décima parte de las calles en Madinat al-Zahra, calles y casas de los antiguos habitantes de "la ciudad brillante", de la capital de los Omeyas de Occidente.
 
 Después de los diversos expolios a los que fue sometida, queda una ínfima parte de lo que los textos medievales árabes nos presentan como "asombro y admiración entre quienes la contemplaron en su época de esplendor".
 
 Fue construida por el califa Abd al-Rahman III. Las obras empezaron en el año 936, se prolongaron durante una decena y se mantuvo en todo su esplendor durante ochenta años tan sólo.
A los años de esplendor, sobrevino una decadencia casi inmediata con el reinado de Hisam II, iniciándose su destrucción como consecuencia de las luchas internas que provocaron la caída del califato y la desmembración de al-Andalus en numerosos reinos de taifas.
 
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