“No todos los tesoros son oro y joyas, camarada.”
Piratas del Caribe
A ti niño, porque siempre estás.
Porque eres generoso como nadie y no te duele el dinero cuando es para los tuyos.
Porque siempre nos tienes presentes, y nos llamas, y te acuerdas.
Porque en nadie como en ti confiaría un secreto inconfesable.
Porque te emocionas hasta con mis emociones y no te tapas los ojos para disimular las lágrimas.
Porque eres el mejor amigo de tus amigos y jamás los defraudas.
Porque dejaría mis hijos a tu cuidado con los ojos cerrados y ellos estarían encantados.
Porque la palabra maldad no forma parte de tu vocabulario.
Porque eres la persona más trabajadora que conozco, incluso más que papá.
Porque no conoces el sabor amargo del rencor, y eso se ve en la transparencia de tus ojos.
Porque aprendiste en una sola noche a pronunciar la erre cuando eras pequeño y me hiciste sentir importante.
Porque siempre estás dispuesto para ayudar a quien pide tu mano.
Porque eres sensato y razonable, y un poco cabezota.
Porque te ríes con la sonrisa ancha y los ojos luminosos.
Porque fuiste un magnífico alumno y aprendiste los números enteros aquel verano, y aprobaste para mi orgullo.
Porque me gusta oír tu voz cuando me llamas por teléfono aunque sea para decir “¿qué haces niña?”.
Porque me siento orgullosa de ser tu hermana y a tu lado siento correr por mis venas algo más que la misma sangre.
Porque he perdido la cuenta de las cosas que tengo que agradecerte.
Porque me tranquiliza saberte cerca, física y emocionalmente.
Porque eres lo más “apañao” que hay en la familia y no lo digo yo sólo.
Porque todo el que te conoce acaba queriéndote y te busca.
Porque haces todo lo que te propones, sin dar tregua al desasosiego y al desánimo.
Porque crees que somos importantes para ti cuando en realidad tú eres importante para nosotros.
Porque sabes hacerle las cosas más fáciles a los demás, aunque ello suponga que para ti sean más difíciles.
Porque no sé si sabes que te quiero mucho.
Porque necesito decírtelo.
Porque en definitiva te lo mereces.