viernes, 27 de noviembre de 2009

...Y LLEGÓ SAN MARTÍN

"La matanza, como sabéis, es la más cartesiana de las operaciones de una granja de campo y la más entrañable, divertida e irónica: el cerdo reducido a racionalización metódica."
                Rafael Sánchez-Mazas "Las aguas de Arbeloa"



Lo peor de todo eran sus gruñidos y sus inútiles esfuerzos por librarse de las cuerdas que lo sujetaban.
Son imágenes y sonidos que año tras año se repetían quedando colgadas en mi memoria, como el silencio de los corderos en la memoria de Clarice.

A primeros de Diciembre, ya estaba lo suficientemente gordo como para sufrir su San Martín. Rollizo y sonrosado, como un luchador de sumo harto de mortadela.
El patio, el llanete del pozo, la cocina…, todo lleno de gente afanosa, cada uno concentrado en su tarea; y los chiquillos alucinando en medio del ritual.

Recuerdo el olor dulzón de las cebollas hervidas reposando en un barreño, las manos ensangrentadas de mi abuela como si acabara de cometer un crimen horroroso, los dedos hábiles de mi madre que entraban y salían de la boca de la máquina de picar carne –“y si se los pilla, ¿nos comeremos el chorizo con dedos?”-, la destreza de mi padre con los cuchillos cual carnicero experto haciendo trozos iguales…
Tras una mañana de mezclar baños y artesas de carne con especias y aliños, llegaba la hora del almuerzo. Magro, tocino, chuletas… Le hacíamos un homenaje al colesterol para continuar embutiendo por la tarde.
Tripas y tripas de vaca de aspecto nada apetecible, se llenaban con trozos del pobre cerdo cuyos llantos no fueron escuchados aquella mañana.

Al caer la noche, todo había terminado. Todo recogido. Los cacharros lavados. Las despensas llenas.

Y no,… no creáis que aquellas matanzas me traumatizaron, pero las tardes del día de Nochebuena, cuando mis primos, mis hermanos y yo cantábamos villancicos alrededor de la chimenea, miraba hacia arriba y veía, colgado en cañas ahumándose al fuego, un cerdo transformado en morcillas.

31 comentarios:

  1. Decididamente creo que todos deberíamos hacernos vegetarianos. No hago ninguna crítica contra nadie porque la primera tendría que hacérmela a mi mismo.

    Pero sí, Elena, decididamente deberíamos ser todos vegetarianos y perdón por la repetición.

    Un cordial saludo.

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  2. Fernando, a mí me gusta muchísimo la fruta y la verdura, pero no renuncio a una morcilla o un choricito frito.

    Besos.

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  3. Angus, me alegra que te guste pasarte por este blog, pero hoy no sé si habrás podido leer bien, pues algo me ha pasado con el código HTLM y parecía que el post lo había escrito una majareta. He tenido que andar editando y corrigiendo hasta que por fin pudo ser.

    Un abrazo.

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  4. Bonitos recuerdos de una época en que la Matanza era ritual obliado en el mundo agrario, y que permitía a muchísima gente sobrevivir durante gran parte del año.

    Suele decir Arguiñano (el cocinero), en su programa de TV, que el CERDO ha salvado más vidas que la penicilina. Y estoy de acuerdo.

    Por otra parte, para la gente mayor, quiero decir ajena a los niños, aquello representaba un festejo aunque supusiera mucho trabajo y en poco tiempo.

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  5. Tellagorri, estoy de acuerdo, gracias a esas matanzas, familias enteras tenían comida para casi todo el año.
    El chorizo se mantenía perfecto durante todo el año metido en orzas con manteca. Se salaban las costillas,...en fin, se sacaba mucha comida de un cerdo.

    Un abrazo.

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  6. Me gusta más la morcilla que el chorizo. Nunca he estado en una matanza, pero aquellos que han estado siempre comentan lo del chillido de los cerdos.
    Por cierto que buena le peli del Silencio de los Corderos.
    Se acerca la matanza, pues bienvenida sea, siempre que la dieta y nuestros niveles de colesterol nos lo permitan...jajja
    Besos guapisiima

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  7. Mª José, a mí, como se suele decir, del cerdo me gustan hasta los andares.
    Creo que la matanza no tiene fecha fija, en algunos sitios se hace en Noviembre, en mi pueblo a primeros de Diciembre, y hay sitios en los que se hace en Enero.

    Sí, preciosa película, es una de mis favoritas.

    Un beso.

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  8. Hola Elena!! La morcilla y los chorizos me encantan. No soy vegetariana, ni tampoco me gusta la matanza indiscriminada de animales, pero esta historia que tan bien contás tenía un motivo y es verdad que daba de comer a mucha gente.
    Besossss

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  9. Gabriela, lo mismo el nombre "matanza" resulta un poco fuerte, pero al hecho de transformar un cerdo en embutidos, carnes y tocinos, se le ha llamado así durante años.
    Se trata de un ritual muy arraigado en el entorno rural español en el que se reunían familias enteras.

    Yo tampoco soy vegetariana, como de todo, pero donde se ponga un buen jamón, que se quite una acelga.

    Besos.

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  10. hola Elena. Me gustó mucho tu entrada. Yo también tengo recuerdos de cuando en mi casa se realizaba estas tipicas matanzas del cerco. Recuerdo , aún, el ruido que producía este animal al ser ejecutado para más tarde ser transformado en multitud de alimento para pasar el invierno. Hoy en día ya se perdió esa tradición familiar. Era bonito juntarse mucha familia para hacer la típica matanza por San martín.
    Elena, un beso muy grande y kuidate.

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  11. Paco, la matanza era una excusa perfecta para una reunión familiar, y sobre todo para los chiquillos que se lo pasaban en grande.

    Un besote.

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  12. Elena...

    Muy bien relatado, paisana. De como esa tradicción tan antigua se puede convertir en un día de fiesta para toda la comunidad. Aunque, siempre que me hablan de esto, pienso, ¡pobrecitos cerdos¡, pero claro, igual lo estoy pensando mientras me como una buena chuleta.

    Un beso y feliz dia.

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  13. AAAyyyyyy Diosss..., pues eso era lo peor!!!, agarrar aquel cerdito (bueno..., ya un gran cerdo!!!) que durante meses habías visto crecer poco a poco, lo habías engordado y echarle esa última mirada antes de ser sacrificado..., era horroroso!!.
    Solo puedo recordar dos matanzas, una en casa del abuelo y otra en la casa de un vecino del pueblo que, por casualidad y tal vez por niña curiosa, asistí a ella y, se me quedó tan marcado el gruñido del cerdo al ser sacrificado que os puedo asegurar que jamás nunca me apuntaría a contemplar un sacrificio igual. Tal fué la mella que me hizo, que yo no podía, ni puedo ver el sacrificio de una gallina, de un conejo..., es algo superior a mí y, cuando en casa de los abuelos lo hacían, procuraba encerrarme en la camarilla para no ver ni oir nada.

    Los chorizos, las morcillas, los salchichones, la manteca, los torreznos, el jamón..., UUUUMMMMMMMMMMMMMMMMMMM..., glorioso jamón!!!!. Hay que ver lo feo y pestilente que es el cochino y, lo bueno que está el tío!!!!.



    Un besote!!!!.

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  14. Félix, tiene su gracia, hablamos de pobres pollos y pobres cerdos como si los muslos y el jamón se criaran en las estanterías del supermercado.

    Al menos estos cerdos se criaban en el campo, en su corraleta, no como los pollos apelotonados en una jaula.

    Un beso paisano.

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  15. Jajaja, ay Lola, qué cosas dices. A mí tampoco me gusta ver el sacrificio de ningún animal. Pero, no te lo pierdas, soy incapaz de coger un pollo, un gato, o cualquier animal. Es algo psicológico, lo mismo que hay personas que tienen miedo a los perros, pero en mi caso el miedo se lo tengo a todo bicho viviente.
    No cojo ni la cabeza de un pollo del Pryca(o Carrefour)jajaja.
    ¡Qué le vamos a hacer! a estas alturas creo que no se me quitará el miedo.

    Un beso fuerte.

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  16. Hola Elena cuando he leído tu entrada tan real me he vuelto a estremecer. He vuelto a pensar en lo contradictorios que somos los seres humanos. Mis orígenes son europeos como sabes, pero me crié en en Venezuela y allí esto no existe que yo sepa. Con el calor no podría hacerse tal cosa. Me gusta el cerdo más que a un tonto una tiza, pero no soportaría ver algo así, me supera. O sea leyendo tu relato por una parte entiendo que ha de ser así, y lo rico que está todo y por otra no lo soporto. ¿Cómo se come eso?... Y esta navidades haré pimientos de piquillo rellenos de morcilla. Ufffff
    Un beso y feliz finde querida amiga. A pesar del pobre cerdo me ha encantado compartir tus recuerdos.

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  17. Hola Katy, chica viajera.
    Es lo que yo digo, menos mal que hay gente "pa to", porque si de mí dependiera, no comíamos ningún tipo de carne, pues soy incapaz de coger a un animal, a no ser que lo matara de lejos a pedradas, cosa cruel que no haría.
    Por eso debe haber gente que sea capaz y hábil con los cuchillos, igual que médicos que no se desmayan al ver la sangre.

    Besos y buen fin de semana.

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  18. Haaay amiga hiciste que me acordara de u chivito que cuide desde bebe y le alimente .. cuide todo el año y mi padre lo mato para ahcer birria una navidad.. callate.. no podía probar bocado.. llore desconsoladamente.. otro día se me olvido con el aguende de los juguetes que habia traiado el santo clos jajajaja besotes!

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  19. ¡Vaya por Dios! Zully, siento haberte traído esos recuerdos tristes por la muerte de tu chivito.
    La verdad es que yo recuerdo esas matanzas como reuniones familares en las que los chiquillos lo pasábamos pipa.

    Un besote, guapa.

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  20. Recuerdo mi primera matanza a la que me llevaron mis padres, me gustaba ver a los mayores llevando la paja seca, y quemar los pelos del cochino, lo que menos me gusto fue el recoger la sangre, tenia 8 años, pero mi abuela me explico que "filliño, do porco aproveitase todo", (del cerdo se aprovecha todo), perdonad por el gallegiño que dejo me recuerda a mi abuela.


    Un beso, cordobesa guapa

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  21. Es verdad que lo que se queda clavado en la mente son los chillidos del pobre cerdo. Yo he asistido a algunas matanzas en casa de mi cuñada en el pueblo de Belalcázar (Córdoba), pero casi siempre llegábamos cuando el cerdo ya estaba sacrificado. Tan solo en una ocasión presencie la muerte del pobre cerdo y dije ni una vez mas. Mis niños y yo estábamos en el piso de arriba asomados al balcón que daba al patio e incluso allí arriba nos daba miedo el ver como el animal chillaba y no se dejaba arrastra atado con cuerdas. Luego lo de embutir los chorizos, las morcillas y atarlas, era divertido el jaleo de los vecinos y familiares que acudían a ayudar… el vinillo de pitarra acompañando a las pruebas de los embutidos hacían pasar un día muy agradable. Un beso.

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  22. Javier, también recuerdo ese olor a chamusquina de los pelos del animal.
    Qué sabia tu abuela, del cerdo se aprovechan hasta los pies, las orejas, el rabo..., aunque no todo eso es santo de mi devoción.

    Un biquiño cordobés para un galleguiño, jeje.

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  23. Cordobesa, es cierto que esos chillidos son desagradables de oír, no lo vamos a negar, sin embargo, de esos días de matanza, lo que más y mejor recuerdo los juegos con mis primos y hermanos, y el sentir que eran días extraordinarios, que se salían de lo cotidiano.

    Un beso.

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  24. A ti se te quedó el olor a cebollas cocidas y a mí el del agua caliente donde se lavaban las tripas con vinagre y limón.
    Y además, ese olor me trae el recuerdo instantáneo de mi chacha Lola, que era la que siempre las lavaba.

    Olores e imágenes de la infancia... imposibles de olvidar.

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  25. Adelaida, las tripas eran algo muy desagradable, y encima, cada vez que hacían falta, nos mandaban a mi prima y a mí a comprar más. ¡Qué asco! Aquello tan blancuzco y baboso, ggggffff...

    Como bien dices... imposibles de borrar.

    Un beso.

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  26. Lo del cerdo es solo parte de lo que los hombres, desde tiempos inmemoriales, hacemos para comernos a los animales.
    Lindo relato de un hecho cotidiano.
    Vegetarianos y carnivoros coincidiremos en que redactas muy bien. Te felicito y me alegra haber pasado por tu blog. De verdad que disfruté este post.
    Te dejo la invitación para que visites el mio.
    Un abrazo

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  27. Pablo, me alegra tu visita y que hayas disfrutado con mi humilde relato.
    Visitaré tu blog.
    Qué bueno este acercamiento a pesar de los kilómetros.
    Un abrazo.

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  28. Como no tengo tu teléfono, no he podido hacer contigo lo que he hecho con tu
    C U Ñ A D í S I M A, ahora me entero. Ya te contará. Un beso. Y gracias.

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  29. Ya me contó, que por cierto me pilló con la naranja en la boca, no sé lo que le pasa pero últimamente le ha dado por llamarme a la hora del postre, ayer tocó a la hora de las uvas, jajaja...
    Me alegro de tu vuelta guapetón.
    Un montón de besos, todos los que te debo de estos días de ausencia.

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  30. Hola Elena!! Te invito a participar en la lotería, cuando puedas pasá por mi blog.
    Besosssss

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