jueves, 15 de septiembre de 2011

LA CITA

“Veo que ahora se escribe más que nunca. Quizá sean culpables los ordenadores. Por gente que no sabe siquiera ortografía ni otra regla ninguna; ni sentido del ritmo. Por gente que, porque se aburre, quiere aburrir a los demás. O peor, por gente que se considera interesante, o que presume de vida apasionada o de inteligencia superior. O sólo porque quiere publicar algo, a menudo sin el más mínimo interés, y ver su nombre en un libro o, mejor todavía, en la televisión. O encarga a otro que lo haga por él, porque, en el más encomiable de los casos, él o ella ya sabe por lo menos que no sabe escribir.”
                                                                 Antonio Gala “Los papeles de agua”


Hace no sé cuántos meses leí el libro de Antonio Gala “Los papeles de agua”, y en él subrayé la cita que encabeza el post. Pronto se cumplirán dos años de mi estreno en este mundo bloguero y recuerdo la cita, porque sí es cierto que ahora escribo más que nunca, quizá el culpable es el ordenador que me compré harta de esperar que mi hijo dejara libre el suyo para perderme un rato en eso tan fascinante que llamaban internet.
Quizá yo forme parte de esa gente a la que alude Antonio Gala, aunque no me reconozco enredada en una madeja de faltas de ortografía, sin ritmo en las frases, y colocando tildes a diestro y siniestro o dejándolas de teclear inventando palabros que no significan nada.
Pero escribo, no tanto como me gustaría ni con la brillantez que admiro en algunos escritores de verdad, y lo hago por divertimento, no por aburrimiento, como un ejercicio autoimpuesto que abre las puertas de mi corazón y lo empuja a escapar. A mis días siempre les faltan horas, supongo que las que a otros les sobran para aburrirse, escribir, y aburrir a los demás.
Y no me creo para nada una persona interesante, a veces pienso que mi vida sólo interesa a las personas que más cerca tengo, nadie es imprescindible en este mundo virtual, ni aun teniendo una vida apasionada contada a golpe de post, y la mía se desliza por los días de la normalidad, a veces incluso de la monotonía, eso sí, con alguna pincelada extraordinaria.

Éste es un blog sin pretensiones, ni siquiera aspira a la brillantez aunque sí a la dignidad, y lo último que deseo son paseantes por obligación en este callejón. A veces me hago la ilusión de que no me mienten los comentarios tan generosos que algunos de los visitantes me dejáis, pero soy consciente, como dice Gala, de que no sé escribir. Al menos dedico el tiempo que no tengo a quien quiera pasear por el callejón. Sin prisa.

jueves, 8 de septiembre de 2011

SALIENDO A FLOTE

“Decir que estos tiempos son difíciles es no decir nada, aunque hemos usado tanto la expresión que ha acabado por perder su sentido, si es que alguna vez lo ha tenido: los tiempos han sido siempre difíciles para las frases hechas.”
                                     Quim Monzó "Ochenta y seis cuentos"


De un vistazo fugaz desde mi atalaya todo parece igual que siempre, una hora tras otra se sucede en la rutina de los días, siguen los mismos ruidos de coches que frenan como si quisieran evitar el borde de un precipicio, y ambulancias que anuncian las últimas horas de una vida. Las aceras siguen siendo el tablero de juego de los niños, y a veces llueve como todos los septiembres que recuerdo. Y hasta oigo a lo lejos una risa que se descorcha al anochecer, espantando del cielo las estrellas primeras.

Pero a poco que me detengo en las fachadas veo persianas con las pestañas bajadas, ahogando una lágrima al borde de la cerradura, almas de miradas perdidas en la nada gris del asfalto y caminos con meta en un cartel, que no llevan a ninguna parte. Los bancos de los parques no tienen edad para jubilarse y se tintan de futuro incierto y vaqueros rotos. La alegría parece fingida y se ahorra en ilusión tras la cerveza de una barra desierta. Parece que nos perdimos en un espeso bosque húmedo y sombrío, lleno de zarzas y hasta de arenas movedizas, y lo peor es que no contamos con ropa de abrigo ni calzado adecuado. Nos hemos sumergido en un negro fondo marino aun sin saber nadar, y no nos queda otra que agitar brazos y piernas para salir a respirar. En la superficie está nuestro futuro flotando a la deriva, esperando que lo llevemos hasta la orilla de una nueva isla. Porque el sol existe, aunque no lo veamos tras la espesura del bosque ni en la oscuridad del fondo del mar, y el final no será otro que volver a encontrarlo, redondo y amarillo, regalando luz y calor, en el centro del centro de todos los cielos, rodando por la línea que une los azules. Y saldremos a flote. De nuevo.
Estoy segura.

jueves, 1 de septiembre de 2011

ÚLTIMOS DÍAS DE AGOSTO

“El verano es una estación triste en la que nada crece. […] La canción del verano es siempre la peor canción del año. El amor de verano es un subgénero del amor […] Hablan de lecturas de verano, noches de verano, viajes de verano, bebidas de verano y con ello queda implícito un sutil desprecio. Nuestro amor no está hecho para el verano. Nuestro amor no conoce vacaciones.”
                                                                       David Trueba    “Cuatro amigos”


Te marchaste tan de puntillas que aún me parece escuchar tus risas rodando calle abajo, queriéndose colar por las rendijas de mi ventana, camufladas tras la oscuridad de la madrugada.
Aquí todo está descolocado aún, quedan cortinas por lavar y sábanas revueltas con tu olor y tu sudor impregnándolo todo, y encima afuera llueve como si Septiembre quisiera borrar tus huellas sobre el asfalto caliente. Y a pesar de que mi paisaje perfecto lo dibuja la lluvia y el frío, siento en el centro de todos mis centros la punzada de la pena; gris y desierta como una plaza sembrada de confetis al día siguiente de una fiesta.
Hoy salgo a la calle a despedirte, busco tus huellas por entre las sombras de las aceras, pero Septiembre ha borrado tu rastro sobre el asfalto caliente, y tu nombre de los calendarios.

jueves, 25 de agosto de 2011

TRUEBA

Siempre he sospechado que la amistad está sobrevalorada. Como los estudios universitarios, la muerte o las pollas largas. […] No debe ser tan sólido el vínculo cuando la lista de amigos perdidos es siempre mayor que la de amigos conservados. [...] La amistad siempre me ha parecido una cerilla que es mejor soplar antes de que te queme los dedos y, sin embargo, aquel verano no habría podido concebir los días sin Blas, sin Claudio, sin Raúl. Mis amigos.
                                                  David Trueba     "Cuatro amigos"



Quince días dan para poco …o para mucho si los ocupas solamente en lo que te gusta, y yo ocupé muchas de sus horas en leer. David Trueba y sus “Cuatro amigos” me entretuvieron la primera semana de vacaciones. Me llevaron en una furgoneta que apestaba a queso hasta las playas valencianas, luego me divertí con ellos en las fiestas de un pueblo maño para acabar de boda en una ermita de Lugo.

Había oído hablar de la obra de David Trueba, tenía buenas críticas y yo ganas de leer algo suyo, y cayó en mis manos “Cuatro amigos” que me sorprendió tanto por el estilo del autor como por la trama de la novela y las conclusiones a las que llegan sus personajes. La amistad como hilo conductor del argumento que va evolucionando hacia algo más complejo, relaciones personales, familiares y por supuesto el amor y el sexo. Al final la aceptación de unas vidas a veces rutinarias y miserables. Y es que los años, en un momento clave de la edad, ponen a todo ser humano justo en la frontera en que ya no eres joven ni viejo, ni siquiera adulto con responsabilidades. Es el momento en que notas que tu vida empieza a girar en otra dirección.

Me gustó tanto leer “Cuatro amigos” que continúo con David Trueba y su “Saber perder”. En la repisa me espera “Abierto toda la noche”, de David Trueba, claro.

jueves, 18 de agosto de 2011

NO ES MI MAR

“El mar es un monumento a la libertad, la única estatua de la libertad posible.
  El mar es una estatua derribada.”       
                                     Francisco Umbral   “Mortal y rosa”


No es mi sitio. Por mucho que haya perdido la cuenta de las veces que pronuncié tu nombre en mi cabeza, tan bajito que ni siquiera mi voz se apreciaba como un leve murmullo al borde de tus oídos de espuma. Pero ahí estabas, inmenso y gélido como el amor no correspondido, enorme y profundo como el abismo de una mirada que te interroga buscando certezas, huidizo y misterioso como los amores imposibles. Me llamaste y caminé hacia ti, con los pasos torpes y decididos del amor que se entrega, con más miedos que certidumbres y un sol lavado llamando a las puertas de mi espalda. El cielo me regalaba todas sus horas mientras tu abrazo se hacía largo en la infinita línea final, trazada con tiralíneas. El tiempo rodaba lento en el devenir de las cosas que se mueven dentro de sus horas, y así pasaron quince mañanas con sus quince noches en las que me sumergí como si de mí no se tratara, viviendo la vida lenta y horizontal de otra persona, en un lugar que me susurraba que aquél no era mi sitio, y que no me pertenecía por mucho que pronunciara su nombre al borde de sus oídos de espuma.

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