domingo, 30 de septiembre de 2012

TREINTA DE SEPTIEMBRE

“Cada luna es distinta. Cada luna tiene su propia historia. Dichosos quienes pueden olvidar su mejor luna.”
                               Ángeles Mastretta “Mujeres de ojos grandes”




Desde aquel día de cuervos una fecha se tinta de negro en todos los calendarios. Ahora da igual creciente o menguante, domingo o lunes, con los últimos rayos del verano apretando los dientes o con las primeras aguas del otoño amenazando riadas sobre los tejados. Sobresale con trazo grueso del resto de los días. Es el verso suelto de los almanaques. Me llama. Se acerca y se aleja, como el vaivén de una pupila con la danza macabra de una triste bombilla colgada del techo. Es el baile de los muertos sobre las hojas de Septiembre.

Desde aquel día una fecha me recuerda que lo peor no es que te hayas ido, sino la certeza de que ya no existe mi mundo contigo.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Y VAN TRES


Gloria a Dios en las alturas,
recogieron las basuras
de mi calle, ayer a oscuras
y hoy sembrada de bombillas.

Y colgaron de un cordel
de esquina a esquina un cartel
y banderas de papel
verdes, rojas y amarillas.

                                           Joan Manuel Serrat "Fiesta"


Os puede parecer algo raro que aún no sepa qué hago por aquí. Me debato entre las ganas de poner punto y final y dejarlo estar hasta que de puro aburrimiento se marche o se disipe entre la niebla. Lo que sí tengo claro es que cuando abrí los postigos de este Callejón me movía una ilusión inmensa, por la intriga, por los nervios, por lo que se desconoce, por lo que viene. Publicaba cada dos o tres días, luego cada semana, y ahora me demoro cada vez más para dejar algo escrito aunque sea improvisado. Ahora, con tres años a la espalda de lecturas, de comentarios, de respuestas, de reflexiones, incluso de discusiones acaloradas, la ilusión se convirtió en costumbre, y eso no es ni malo ni bueno, simplemente es. Tampoco sé de dónde he sacado el valor para compartir con el mundo mis sentimientos, mis vivencias; no encuentro una explicación, no me la pidáis; quizá lo que no decían mis palabras empujaba por salir de las yemas de mis dedos sin poderlo evitar. Y aunque suene un tanto manido, lo mejor de lo mejor habéis sido vosotros. Os agradezco de corazón vuestro cariño, la amistad y la generosidad con que siempre me habéis tratado a pesar de que yo no os haya correspondido con la misma intensidad. Y me sorprendo de que sigáis llegando y dejando vuestra foto de perfil en el casillero de seguidores. Gracias.

Hoy el Callejón está de cumpleaños, hay globos de colores ensartados en una cinta de pared a pared, guirnaldas entre las rejas de los balcones y una barra con bebidas y tapas típicas cordobesas entre las que no falta salmorejo, flamenquines y rabo de toro, pasad y disfrutad, en breve comienza la orquesta. Tiramos la casa por la ventana, aprovechad la fiesta, hoy no hay llanto, ni dolor, ni queja. Quién sabe si será el último cumpleblog que celebremos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

PUERTAS ADENTRO

                                                 A todos los que te quisieron y no te olvidan.


“Todos los objetos que hablaban se quedan mudos y sin sentido, es como si les cayera un manto que los aquieta y acalla haciéndoles creer que la noche ha llegado, o como si también ellos lamentaran la pérdida de su dueño.”
                                             Javier Marías “Los enamoramientos”




Al cerrar la puerta noté el filo de la desolación abriendo en dos mitades mi corazón para siempre y supe que ya nada volvería a ser igual, ni al otro lado de la puerta ni en el centro de mi pecho. Se acababa de levantar un muro entre un mundo conocido que se diluía poco a poco como el humo de una vela recién apagada y que jamás volvería a alargar la sombra de los objetos sobre las paredes de la casa, y una vida vestida de normalidad, aunque en mi pecho se desataba una tempestad que nunca parecía amainar; me llovían esquirlas de las aurículas, a veces disfrazadas de sonrisas.

Pensé dar tiempo al tiempo creyendo que sería capaz de regresar sin que el aire añejo desollara la piel de mis manos, pero el tiempo no cura nada, sólo es tiempo, una secuencia de minutos alrededor de una esfera que no sabe de heridas ni entiende de emociones. Es la vida la que atenúa y suaviza este punzante dolor, esta constante sensación de incertidumbre, este me falta, este lazo alrededor de la garganta, este peso sobre los hombros que oprime mis ganas, este nudo en la boca del estómago que pugna por salir escupido de entre los dientes sobre el asfalto sin acierto, este insistente recuerdo martilleando cada rincón de la memoria, lanzando una y otra vez sus dardos al centro de la diana de mis sienes. Este miedo a la ausencia que te carcome las entrañas.
Pero sabía que llegaría el día, alargarlo sólo sería demorar el reencuentro con un nuevo mundo que me ofrecían las paredes de siempre, ésas en las que aún se adivina el contorno de tu figura frágil y quebradiza, ésas que guardan el recuerdo de todos los ecos antiguos, de las risas y de los llantos, de las quejas, los gritos y las carcajadas de los chiquillos, de la vida que pasa y se siente.

La vida te enseña a vivirla ella misma, a golpe de emoción compartida por los miembros de una familia en las entrañas de una casa, y ésta está llena de esas ráfagas emocionales aparentemente invisibles, pero que yo siento como un escalofrío escalando desde los tobillos hasta mi ombligo cada vez que mis pasos se posan en la fina capa de hielo de las baldosas de una habitación cualquiera.

Ahí está, aún puedo olerlo, el aroma de la colonia fresca después de la ducha, las toallas limpias y el jabón de siempre, las sábanas recién planchadas en los cajones de la cómoda del pasillo, y el olor de los pucheros en la cocina. Un mundo de olores que creaste y que se disipa lentamente, como tu presencia, como un puñado de arena de entre mis dedos impotentes.
Ahora queda un nuevo ritmo campando a sus anchas por el espacio que no ocupa nadie, un ritmo grueso, y denso, y lento, y espeso, impregnándolo todo y al que no sé si seré capaz de adaptarme alguna vez. Porque me hice a tus tiempos, a tus sonidos, y no reconozco esta casa sumida en el silencio más atronador, me resulta extraña sin ti y sin tus cosas rozando los bordes de mis fronteras. Esta casa fue por ti de la misma manera que yo soy porque tú fuiste, y seré otra porque tú ya no estás.
Tu voz quedó como un eco atrapado entre las capas de pintura de cada cuarto, a la espera de que alguien abra una ventana por la que escapar. O tan sólo sea suficiente un grito, respirar profundo y soplar con todas las fuerzas hasta conseguir arrastrar las cenizas bien lejos, donde ya no me alcancen, donde ya no hagan daño.

Hay tantas cosas que han cambiado, miradas que dejaron de existir, tactos que ya no compensan la frialdad de mis manos, muebles vacíos, ventanas cerradas, plantas que secaron sus hojas. Cosas que tuvieron su razón de ser en un mundo que un día de otoño desapareció por entre los resquicios de la única dimensión que conozco. Hoy la naturaleza es amable, suave, insufla tranquilidad ahí afuera, pero la primavera no acaba de llegar aquí adentro.
Ando dándole vueltas a las fotografías que empapelan las paredes de mi alma como si de pequeñas baldosas se tratase, retazos de los momentos felices, pinceladas que dan los días en las cosas cotidianas. Toda una vida en papel para recordarme el largo viaje compartido con la persona que fue la más importante de mi vida, la razón y el por qué de mi existencia, alguien que se preocupó y ocupó su tiempo en mis cosas. Me detengo en una imagen especial, no miras a la cámara, tus ojos parecen perdidos en el infinito, se tornan transparentes en un último intento para que podamos verte desde lo más hondo y así entenderlo todo mejor. Entenderte desde los ojos.

Volver a recorrer los rincones ocultos, abrir viejos cajones, tocar tus huellas en las que fueron tus cosas, desandar el camino breve de tus pasos por los pasillos, intuirte más allá de la lógica y la realidad, hace que hoy todo se sienta demasiado, se desborda, se hace gigantesco e inalcanzable para un corazón que intenta recomponerse sin éxito.

Sí, ya sé que es la vida la que nos enseña a suavizarlo todo, incluso el crujido de la llave al girar sobre la cerradura de la puerta de la casa se me hará sutil, delgado, y un día dejaré de sentir que algo se rompe en mis oídos al traspasar el umbral.
He aprendido que hasta en los lugares más oscuros hay alguna rendija por la que es posible que un rayo de luz se cuele y se derrame sobre las cosas, bañándolas en una pátina dorada. Que sólo se trata de dar vida al tiempo, y tiempo a la vida, de seguir cabalgando en la misma dirección de los días, no bajarse jamás del tren de alta velocidad en el que andamos subidos. Retomar el camino tras la tregua y luchar por lo que aún tenemos y merece la pena vivir.

Hay gente que pasa por este mundo sin que nadie las vea, sin embargo tú estás presente a pesar de que ya no existes sobre la tierra, estás en el centro de mis sueños, atesoro tu recuerdo en la memoria de las yemas de mis dedos, nos acompañas en silencio, y hasta traerás de la mano una primavera escalando las tapias de tu patio.



Nota: El texto ganó el primer premio del VII Certamen Literario de la Fundación Francisco García Amo de Nueva Carteya, y a ella pertenecen todos los derechos. 

sábado, 25 de agosto de 2012

EN NINGÚN LUGAR

“Que se me importará a mí
que se sequen las salinas
mientras yo te tenga a ti.

Esteros de Sancti-Petri,
salinas de San Fernando,
espejos de sol y sal
donde se duermen los barcos.”
                                                 Camarón de Isla “Bahía de Cádiz”


En aquella enorme llanura se elije el espacio, el vacío, a pesar de la gente que se hacina en la arena. Regreso de un lugar con olor a mar donde los atardeceres se derrumban en brazos de la belleza. Un lugar donde la brisa madrugaba para despertarme cada mañana acariciando mis rodillas inermes, y un cielo azul oscuro salpicado de estrellas me acostaba cada noche a la derecha de la sonrisa de la luna. He conocido los secretos del otro lado del mundo, silbados y olvidados por el viento de levante en la caracola de mis oídos, y he sabido que las olas nunca llegan con las manos vacías cuando las arrastra el viento de poniente.
He gozado de esa vida horizontal y despreocupada por la que se escapan las horas lentas y ociosas del verano mientras se hace recuento de todos los recuerdos de un largo invierno, y también he olvidado mis pasos hundidos en la arena de la última playa, allí donde gira la espuma y te besa los pies a ras de suelo. Y se marcha.

Quise atrapar el tiempo con todas las fuerzas de un puño, retenerlo entre los dientes, que lo aquietase un algo invisible como al polvo de las cosas la ausencia de aire, pero hay deseos que se piden porque sabemos que nunca se cumplirán; supe desde el principio que el viaje siempre es de ida y vuelta, como el vaivén de las olas, como los veranos en La Isla, que el momento es pasajero y volveré a la (bendita) rutina, que en realidad no nos necesitamos más allá de la costumbre de amanecer juntos quince días, quizá porque sea verdad eso de que como en casa…

domingo, 15 de julio de 2012

YO

“Con la realidad se puede hacer muy poca literatura, 
  porque resulta muy inverosímil.” 
                                     Andrés Trapiello “El gato encerrado”



Escribir en primera persona no es fácil, sale al mundo lo que te duele, lo que te hace reír, lo que sientes en cada momento. Y corres un gran riesgo, el de la incomprensión. Entiendo a aquellos que lo hacen en tercera persona, se visten de otro, se llaman de otra manera, viven en otro lugar y se lanzan al campo de batalla, con escudo y cota de malla, a contar la que en realidad es su vida, la de dentro o la de fuera, todo lo que cargan en una mochila con derecho de admisión. Quizá lo que no son y siempre ansiaron ser, o quizá lo que son y no les hace felices.
Ése es mi hándicap, mi desventaja a la hora de dar rienda suelta a mis dedos sobre el teclado, éstos son guiados directamente por mis emociones, golpean las letras al compás de los latidos de mi corazón, y salen al mundo desnudas, expuestas a la mira de los francotiradores que esperan tras las ventanas de mi calle desierta.
Conozco mis límites, freno mis pasos justo antes de cruzar la frontera. Más allá, un paso más allá, están las historias de los otros, y yo no las sé contar. Tampoco sé si un pintor pudiera pintar el alma de una playa sin verla.


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